Un testimonio

“No escatimaba ni bienes materiales, ni talentos para ofrecer a Su Amado Esposo”

En determinada ocasión contacté a Anita por teléfono que encontré por internet para comprar un libro de la VVeD, para regalar.  Ella me dio la dirección y quedé en ir a su casa.

Para mí todo venía rodeado de una aureola sobrenatural, claro.  Cuando llegué a su casa me recibió con gran calidez y me presentó a Sandra, que estaba esa tarde ahí también.  Desde el primer encuentro, recuerdo su delicadeza, su alegría y entusiasmo al trabajar para esta obra.  Luego, con el paso del tiempo y nuestros encuentros de oración, compartíamos la alegría del gran llamado que Jesús estaba haciéndonos en estos días.

Ella no escatimaba ni bienes materiales, ni talentos para ofrecer a Su Amado Esposo, eso es lo que más me alegraba.  El fervor que tenía para asistir a la Misa, para Jesús Eucaristía, el Santo Temor de Dios, pero también la Adoración Amorosa que tanto desea Jesús para cada alma.  Eso era una gran bendición compartirlo con ella en nuestras charlas y todo eso estaba nutrido de la lectura de estos Mensajes Divinos, eso fue lo que más me conmovió porque me sentía con mucha afinidad espiritual, ya que desde que comencé a leer estos mensajes los sentía como bocaditos de miel que Jesús nos daba para nuestros días a Su Iglesia.

Rescato también su gran entrega y obediencia a las directrices de Vassula, su preocupación por que esta obra se extendiera a cada rincón del planeta, porque el tiempo apremiaba (y sigue apremiando).

Todo eso junto con la intrepidez y el convencimiento pleno de que la VVeD es Obra de Dios ya que Él también Se manifestó a ella por estos mensajes.

El amor a Cristo siempre la hizo condescendiente y amorosa con los más débiles y necesitados para tenderles una mano, o no dejarlos a pie.  Esto literalmente, porque cuando se nos hacía tarde en los trabajos o reuniones de oración ella nos acercaba a las que vivíamos más alejadas, y eso es una gran caridad también.

Otra cosa que quiero recordar es que Anita nació un 25 de Marzo (día del Niño por nacer) y cruzó el umbral de la eternidad un 31 de Agosto, (día de San Ramón Nonato). Para mí es un gran signo de que el Señor tomó con agrado su entrega al cuidado de los no nacidos, entre las cosas que hacía en la BM de Uruguay y llevó esta obra hasta casi el fin de sus días, cocinando para los necesitados que tenían a sus chicos internados en el Hospital Pereira Rossel, cercano a la BM.

Durante su tiempo final se identificó con Cristo en Su Pasión, silenciosamente.  Hacía poco tiempo que había sido relevada en su cargo de Responsable para América Latina, cuando de pronto recrudeció su enfermedad.

Esta decisión tomada de relevarla en su ministerio Anita la asumió con la resignación de Job, de haber recibido del Señor los bienes y también los males. En aquel momento, esto a mi parecer, fue algo inesperado e incomprensible pero ella lo aceptó con total resignación, permitiendo que el Señor la desprendiese de esto, que también le era tan querido.

Luego comenzó la fase de verla crucificada con Su Esposo Amado, tanto en su enfermedad corporal que asumía con tanta entereza y serenidad, como en los sufrimientos espirituales de incomprensión de sus allegados.   Por eso digo, situaciones semejantes a las que sufrió Jesús.

En aquel entonces yo no entendía cuál era la causa de tanto sufrimiento,

Sin embargo, pasado el tiempo, entiendo que por obra de Jesús ella estaba destinada al Cielo, y todo eso era parte del desprendimiento que el Señor a cada una de sus almas muy queridas les pide, esas que se inmolan por amor a Él.  Sólo tenía que asemejarse a Jesús, en Sus padecimientos y así fue.

Cuando la vi, ya en su reposo, su rostro tenía esbozada una sonrisa serena y días antes me había dicho a mí también que “estaba rodeada de ángeles y que estaba viviendo nuevamente “un Idilio” con Nuestro Señor”.

Anita, toda entera de Jesús, por la Gracia de Dios, descanse en paz.

Diver B. (Montevideo, 2017)